Las elecciones presidenciales de 2026 en Brasil están marcadas por un enfoque claro hacia la inversión privada en infraestructuras. Los candidatos, liderados por Flávio Bolsonaro, han señalado la necesidad de movilizar capital para modernizar las redes de transporte y reducir los costos logísticos, posicionando a Brasil como un mercado atractivo para el sector privado.
En este contexto, el programa de Bolsonaro destaca al plantear una inversión de 149.000 millones de euros durante los próximos cuatro años en áreas críticas como carreteras, puertos y ferrocarriles. Esta cifra no solo subraya la magnitud del desembolso esperado, sino que también visualiza el potencial económico que se abre para empresas constructoras, como ACS, Ferrovial y Acciona, que ya operan en el país.
A lo largo de los años, Brasil ha estado utilizando capital privado para desarrollar sus infraestructuras, y el actual Gobierno mantiene una cartera de proyectos robusta. Según el Ministerio de Transportes, se han identificado 35 nuevas concesiones de carreteras que representan más de 65.815 millones de euros en oportunidades de inversión en el mismo período, mostrando la apertura a inversores tanto nacionales como internacionales.
Otra área crítica es el sector ferroviario, donde el Gobierno ha delineado ocho licitaciones que abarcan más de 9.000 kilómetros de vías y más de 23.268 millones de euros en inversión directa. Proyectos como el Anillo Ferroviario del Sudeste y diferentes corredores de la Malha Sul son clave para garantizar la competitividad logística del país.
La estrategia de inversión y el papel del sector privado
La propuesta de Bolsonaro se basa en la ampliación de la participación del sector privado, incentivando concesiones y asociaciones público-privadas (PPP). Esta estrategia podría transformarse en un modelo eficaz para atraer inversores, alineándose con las tendencias internacionales que buscan combinar la construcción con la financiación y la gestión de activos.
ACS, por ejemplo, ha mantenido una fuerte presencia en Brasil a través de su negocio concesional. Recientemente, la empresa amplió hasta 2039 la concesión de la autopista Intervias en São Paulo, cimentando su posición en uno de los mercados de concesiones más competitivos de América Latina. Sin embargo, también ha enfrentado retos, como la pérdida de la concesión de la Rodovia Fernão Dias a un nuevo operador tras un proceso de relicitación.
Acciona, en su estrategia por fortalecer su presencia en Brasil, ha priorizado el sector de agua y saneamiento. En abril, firmó un contrato con BRK para ofrecer servicios de saneamiento en 153 municipios de Pernambuco por un periodo de 35 años, con una inversión de aproximadamente 2.680 millones de euros. Además, se ha asegurado la gestión del saneamiento en 85 municipios de Paraíba con una inversión asociada de 724 millones de euros.
Ferrovial, con su experiencia internacional, continúa explorando oportunidades en Brasil. Con una tradición en el desarrollo de proyectos de infraestructura, la compañía ha estado activa en el análisis de concesiones de carreteras y aeropuertos, adaptándose a las dinámicas del mercado local.
El consenso en las propuestas electorales es claro: Brasil requiere un aumento significativo de la inversión privada y un entorno jurídico más robusto para facilitar el desarrollo. Las cifras mencionadas por el candidato Bolsonaro no representan compromisos concretos, sino más bien una proyección del potencial inversor que podría materializarse si las iniciativas de infraestructura se plasman en las políticas públicas y los mecanismos de financiamiento adecuados.
