Nueva legislación sobre envases impulsa la eliminación del plástico y podría elevar costos alimentarios

Nueva legislación sobre envases impulsa la eliminación del plástico y podría elevar costos alimentarios

El reciente establecimiento del Reglamento Europeo de Envases y Residuos de Envases (PPWR) marca un hito en la regulación del sector agroalimentario dentro de la Unión Europea. Esta normativa, que se implementará a lo largo de los años, implica cambios significativos en la forma en que se manejan y utilizan los envases, tanto en la producción como en la distribución, lo que podría impactar directamente en el costo de los alimentos.

Entre las novedades más destacadas se encuentra la introducción de límites a las sustancias PFAS, conocidas como “químicos eternos”, que estarán prohibidas en envases que entren en contacto con alimentos. Esta medida se ha tomado ante la preocupación por sus efectos en la salud humana. Los fabricantes deberán replantear su estrategia, rediseñando envases con materiales y recubrimientos alternativos, lo que implica una inversión considerable en innovación y desarrollo.

Impacto económico y logístico

El reglamento requerirá que las empresas de la industria alimentaria realicen una fuerte inversión en tecnología y procesos, lo que podría trasladar sus costes a los consumidores. Se prevé que la adaptación a estas medidas será gradual, extendiéndose hasta 2040. En concreto, para 2028 se implementará un sistema de etiquetado estandarizado en todos los países de la UE, incorporando códigos QR que facilitarán al consumidor información sobre el reciclaje correcto de los envases.

Asimismo, el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno para botellas de plástico y latas, cuya aplicación está planteada para 2029, aunque podría adelantarse a 2028, es otra de las innovaciones que preocupan al sector. Este sistema requerirá que los consumidores paguen una cantidad adicional al adquirir bebidas, que recuperarán al devolver los envases vacíos. La implementación de este sistema incluirá la instalación de máquinas específicas en los establecimientos, lo que podría suponer una inversión inicial de entre 50.000 y 150.000 euros por tienda.

Las empresas enfrentan el desafío de mantener tanto el sistema actual de recogida como integrar el nuevo modelo, lo que puede generar costos duplicados relacionados con instalaciones y logística. Este escenario plantea serias dudas acerca de cómo se verán afectadas las precios de los alimentos y las bebidas, considerando el posible incremento en los costos operativos.

En un horizonte más lejano, para 2030 se establecerán nuevas categorías mínimas de reciclabilidad y objetivos de reutilización para ciertos tipos de envases. Además, algunos envases de plástico de un solo uso ya no estarán permitidos en bares y restaurantes, siguiendo la tendencia hacia una menor dependencia de materiales no reciclables.

La normativa continuará evolucionando, y para 2035, cualquier envase deberá cumplir con condiciones estrictas que aseguren su capacidad de ser recogido, clasificado y reciclado efectivamente. Este ciclo de cambios culminará hacia 2040, cuando se espera que todas las medidas estén plenamente implementadas. La incertidumbre persiste sobre cómo las empresas absorberán estos costos adicionales y el impacto real que tendrán en la cesta de la compra de los consumidores.