La NASA ha implementado recientemente ajustes significativos en la sonda espacial Voyager 2, con el fin de prolongar su misión científica que, sorprendentemente, ya cuenta con más de 50 años. Este proceso innovador ha sido denominado «Big Bang», y se centra en optimizar el uso de la energía que la sonda aún puede generar.
Voyager 2 fue lanzado en 1977, junto a su gemelo Voyager 1, utilizando un generador termoeléctrico de radioisótopos que se alimenta del calor producido por la descomposición del plutonio. Sin embargo, la capacidad de generación de energía de estos generadores disminuye anualmente en aproximadamente cuatro vatios. Esta reducción de energía ha llevado a los ingenieros de la NASA a adoptar medidas proactivas para garantizar el funcionamiento de los instrumentos científicos restantes.
Para adaptarse a este cambio, se han desactivado varios dispositivos que no son esenciales para la ciencia y se han implementado alternativas de menor consumo energético que mantienen la sonda operativa y cálida en el espacio, a gran distancia del Sol. Según fuentes oficiales, «los márgenes de energía de la sonda se han vuelto extremadamente estrechos, lo que requiere conservar energía al desactivar dispositivos y sistemas no esenciales». A pesar de la disminución de energía, se ha logrado extender la operatividad de tres instrumentos científicos de la sonda por un año más.
Impacto Científico y Futuro de la Misión
Desde 2024, Voyager 2 ha tenido que desconectar dos de sus instrumentos de ciencia, y aunque esto se preveía inicialmente para un tercer instrumento, los recientes ajustes de energía han mitigado esa necesidad. Cada nave comenzó su misión con diez instrumentos, y actualmente Voyager 2 solo cuenta con tres funcionando.
El próximo objetivo es aplicar un ajuste similar en Voyager 1 en los próximos meses. Esta sonda se encuentra a una distancia aún mayor de la Tierra, aproximadamente 171 unidades astronómicas, en comparación con las 142 de Voyager 2. La comunicación con estas sondas es un desafío, ya que el tiempo que toma a una señal viajar una vía es casi de 24 horas.
Ambas naves, bajo la administración del Jet Propulsion Laboratory de la NASA, fueron diseñadas para explorar los planetas del sistema solar exterior—Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno—y han hecho contribuciones científicas sin precedentes al proporcionar imágenes detalladas y datos sobre estos mundos. Voyager 1 entró en el espacio interestelar en 2012, seguido por Voyager 2 en 2018, y ambas continúan enviando datos valiosos desde su localización actual, donde Voyager 1 se posiciona como la nave espacial más lejana de la Tierra, a aproximadamente 25.5 mil millones de kilómetros.
La durabilidad y la adaptación de la tecnología de estas sondas no solo subrayan el ingenio humano, sino que también ofrecen una perspectiva fascinante sobre los límites de la exploración espacial y el aprovechamiento de tecnologías de energía en condiciones extremas.
