Las conferencias son ocasiones anuales donde profesionales de diversos sectores se reúnen con la esperanza de establecer conexiones significativas, descubrir nuevas oportunidades y generar impulso para sus carreras y negocios. Sin embargo, muchos participantes regresan a casa con poco más que un puñado de tarjetas de presentación y conexiones en LinkedIn que a menudo no fructifican. Este fenómeno se debe a que muchos nunca aprenden a expresar claramente lo que realmente necesitan, lo que dificulta que otros puedan ayudarles en sus objetivos.
A pesar de que muchos profesionales tienen claro lo que buscan — como socios estratégicos, inversores o nuevos clientes —, a menudo sus respuestas son vagas. El ansia de aprender o de conectar con “personas interesantes” suele quedarse en la superficie. La necesidad real está oculta, lo que complica que otros puedan ofrecer apoyo eficazmente.
Comprender el valor de pedir ayuda
La solicitud de asistencia es una habilidad que rara vez se practica. A lo largo de sus trayectorias, los profesionales son aclamados por su capacidad de resolver problemas y ser autosuficientes. Así, muchos se sienten más cómodos al ayudar que al pedir ayuda. Sin embargo, las oportunidades más significativas, tanto para los líderes como para sus organizaciones, dependen de su habilidad para comunicar lo que necesitan. Reconocer la incomodidad que puede generar el acto de pedir ayuda es esencial para superar esta barrera.
La realidad es que la mayoría de las personas está dispuesta a ayudar más de lo que se piensa. Muchas solicitudes son simples; pueden ser conexiones, consejos o recomendaciones que requieren poco esfuerzo, pero ofrecen un valor considerable. Este patrón se hace evidente en conferencias donde residen ejecutivos influyentes con redes vastas. A pesar de su potencial, las conversaciones suelen permanecer superficiales, y los asistentes se marchan sin pasos concretos hacia sus objetivos.
Una experiencia particular subraya esta dinámica. Al preguntar a una ejecutiva sobre sus expectativas en una conferencia, la respuesta fue difusa. Tras indagar un poco más, reveló que necesitaba socios corporativos para un proyecto específico. Al hacer un par de conexiones esa misma noche, surgieron discusiones significativas que llevaron a colaboraciones valiosas. La solución a su necesidad siempre estuvo presente; solo falta articular la solicitud adecuadamente.
El enfoque «Pedir y Actuar»
Esta observación ha llevado al desarrollo de un marco de trabajo denominado “pedir y actuar”. Antes de un evento, es vital identificar una solicitud significativa y estar preparado para expresarla con claridad. Esto permite un enfoque directo hacia lo que uno desea lograr y dónde necesita apoyo. Además, es fundamental estar dispuesto a ayudar a al menos una persona durante el evento. Este cambio en la dinámica de las conversaciones transforma un intercambio superficial en una oportunidad para generar valor mutuo.
Las sesiones organizadas bajo este concepto han sido reveladoras. Al comenzar con solicitudes claras y un deseo genuino de ayudar, los participantes han logrado identificar potenciales colaboradores, asesores e incluso inversores. Al final, salen con compromisos específicos y pasos a seguir, lo que refuerza que los momentos más significativos rara vez se generan en las sesiones magistrales, sino en pequeños círculos donde hay honestidad sobre necesidades y generosidad para ofrecer ayuda.
Así que, en la próxima conferencia o evento de networking, en lugar de centrarte en a quién podrías conocer, reflexiona sobre lo que necesitas y cómo podrías ayudar a los demás. Comparte tu solicitud proactivamente y cumple con los compromisos que adquieras. Los mejores networkers son aquellos que saben convertir conversaciones en resultados concretos.
Tami Rosen es miembro de la junta, ejecutiva y asesora de empresas de tecnología y finanzas.
