La reciente caída de Nicolás Maduro ha dejado a la petrolera española Repsol en una encrucijada respecto a sus inversiones en Venezuela. Desde marzo, la compañía detuvo sus exportaciones debido a que Estados Unidos revocó las autorizaciones de extracción de crudo a varias empresas, entre ellas, a Repsol. Ahora, la situación se complica aún más tras los recientes acontecimientos, y la empresa deberá reiniciar sus negociaciones con las autoridades estadounidenses.
Interés estratégico en el petróleo venezolano
El petróleo es el eje central de esta crisis. Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, han demandado acceso inmediato al petróleo venezolano y promovido inversiones significativas de compañías estadounidenses en el sector. Esto plantea la pregunta sobre el futuro de empresas europeas como Repsol, que han mantenido una presencia en el país durante décadas.
Repsol, bajo la dirección de Josu Jon Imaz, posee dos activos clave en Venezuela: un pozo de extracción de gas natural en asociación con la italiana Eni y una empresa conjunta con la estatal PDVSA para la extracción de petróleo. Sin embargo, la relación con PDVSA ha estado marcada por la acumulación de deudas, que se han saldado a través de envíos de crudo. En el primer semestre de 2025, la deuda bruta ascendía a 894 millones de euros, aunque Repsol ha provisionado ya la mayor parte de esta cantidad.
Caída en las importaciones y repercusiones financieras
La falta de pagos y la revocación de permisos llevaron a que las importaciones de crudo desde Venezuela se paralizaran entre abril y octubre de 2025, marcando un descalabro en comparación con los más de 3.000 millones de toneladas importadas en 2024. La mayoría de este crudo llegó a España a través de los buques de Repsol, que lo transportan a sus refinerías.
En su último informe, Repsol admitió que no ha recibido notificaciones oficiales sobre nuevas licencias, lo que limita su capacidad operativa en Venezuela. La compañía ha mantenido un contacto constante con la administración estadounidense para ajustar sus actividades en el país y negociar permisos alineados con los intereses de ambas partes. Además, hay una constante amenaza de aranceles del 25% para los países que importen petróleo venezolano, lo que podría desincentivar las importaciones desde España.
Un futuro incierto pero esperanzador
Mientras tanto, Repsol no ha permanecido inactiva. La compañía ha registrado el impacto negativo de la situación política en Venezuela, reduciendo sus activos de 504 a 330 millones de euros. En el primer semestre de 2025, se reportó un deterioro de 105 millones en dicho sector.
La clave en los próximos meses será observar si Estados Unidos levantará las restricciones para las empresas europeas y cómo reaccionará Repsol ante el avance de las compañías estadounidenses en el ámbito del petróleo venezolano. Con una trayectoria en el país desde 1993, su experiencia podría ser decisiva.
No es sorprendente, por tanto, que el mercado muestre optimismo: la acción de Repsol en la Bolsa subió más de un 1% tras los últimos anuncios. Según un análisis del departamento de Sabadell, la empresa podría beneficiarse de un levantamiento inminente de las sanciones que afectan al petróleo venezolano, lo que podría reavivar sus operaciones en la región.
