La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha revelado cambios en el funcionamiento del impuesto mínimo a multinacionales. Esta modificación permitirá que empresas estadounidenses queden exentas del mencionado tributo, algo que Washington había exigido previamente. La administración de Donald Trump mostró una oposición decidida a este impuesto, inicialmente apoyado por su predecesor, Joe Biden. Sin embargo, el Congreso de EE. UU. nunca lo ratificó. Trump argumentó que el impuesto era discriminatorio para las firmas americanas y amenazó con implementar impuestos de represalia contra países que gravaran a las corporaciones estadounidenses bajo el acuerdo de la OCDE.
Un camino trazado desde el G-7
Desde el pasado verano, el G-7, conformado por las siete economías más grandes del mundo, había acordado que las multinacionales estadounidenses estarían exentas de un impuesto mínimo del 15%, el mismo que se estipuló en 2021. Este lunes, más de 145 países y jurisdicciones han respaldado esta exención en un acuerdo que se enmarca dentro del Marco Inclusivo de la OCDE-G20, creado en 2016 para combatir la elusión fiscal corporativa.
El acuerdo establece que algunas naciones pueden evitar el gravamen bajo ciertos criterios; por ahora, solo EE. UU. figura en esta lista. De esta manera, se acepta que no aplique el impuesto del 15% debido a su propio sistema fiscal que grava los beneficios de las multinacionales en el extranjero, algo que la administración Trump defendía como una alternativa válida.
El profesor Félix Martínez, experto en Derecho Financiero y Tributario en la Universidad Autónoma de Madrid, explica que “es como un traje a medida para Estados Unidos”. Aunque el pilar dos, es decir, el impuesto mínimo del 15%, ya estaba definido, persistía un obstáculo: la oposición de EE. UU. que contaba con su propio sistema. “Esto les otorga una ventaja competitiva, ya que sus multinacionales no enfrentan los mismos criterios que las de otros países”, añade Martínez.
Un Acuerdo Histórico
El impuesto mínimo fue negociado en 2021 entre más de 130 naciones con el objetivo claro de frenar la elusión fiscal de grandes multinacionales (aquellas que facturan más de 750 millones de euros). Este acuerdo fue considerado un hito, dado que era la primera vez que se lograba un consenso tan amplio sobre un tema tan complicado, donde los estados tienen plena soberanía.
A medida que Estados Unidos mostraba su descontento, la Unión Europea ya empezó a implementar este impuesto en su legislación, que ahora deberá adaptarse a los nuevos cambios traídos por la OCDE.
Mathias Cormann, secretario General de la OCDE, ha descrito el nuevo acuerdo como “significativo” y una “decisión histórica en la cooperación fiscal internacional”. La OCDE señala que este consenso llegó tras meses de negociaciones intensas y establece un marco que mejorará la operación de los acuerdos de impuestos mínimos a nivel mundial, adaptándose a la dinámica de una economía cada vez más digitalizada.
Entre las nuevas disposiciones, se destaca la simplificación de los informes relacionados con el impuesto mínimo, tanto para las multinacionales como para las autoridades fiscales. Además, se armonizan los incentivos fiscales a nivel global y se introducen salvaguardias para grupos multinacionales que cumplen con los requisitos mínimos de tributación, lo que facilita que aquellas con sede en EE. UU. eviten el nuevo impuesto.
Martínez concluye que “el pilar dos queda cojo, ya que uno de sus objetivos era establecer reglas comunes” y predice un “multilateralismo a dos velocidades: el resto del mundo y EE. UU.”.
