El titán del juego, Cirsa, hizo su tan esperado debut en la Bolsa española el verano pasado. Con una colocación que superó los 450 millones de euros, la compañía utilizó gran parte de estos fondos para reducir su deuda en 345 millones, mientras que su propietario, el gigante estadounidense Blackstone, recaudó alrededor de 53 millones. A partir del lunes 5 de enero, Blackstone tendrá la libertad de deshacerse de 131,7 millones de acciones valoradas en casi 2.000 millones de euros, una vez finalizado su compromiso de permanencia en el capital.
Desempeño financiero destacado
Durante los seis meses tras su entrada en la Bolsa, Cirsa ha demostrado una notable evolución, duplicando su beneficio neto en los primeros nueve meses del año y mejorando sus previsiones anuales. En su presentación del 25 de noviembre, la empresa estimó que sus ingresos en 2025 crecerían entre un 8,1% y un 8,6%, alcanzando entre 2.325 y 2.335 millones de euros, incrementando así su pronóstico previo.
Sin embargo, a pesar de estos resultados positivos, la acción de Cirsa ha mostrado una cotización estancada en torno a los 15 euros, precio en el que se produjo su estreno el 9 de julio. La oferta pública de venta fue la segunda y última del año en España, con la participación de importantes entidades como Barclays y Morgan Stanley, así como BBVA y UBS en funciones de colocadores.
Perspectivas del grupo y recomendaciones
Cirsa opera actualmente alrededor de 500 casinos y salas de juego, además de gestionar más de 85.000 máquinas tragaperras y un creciente sector de juego online. Con un desempeño que supera las expectativas del mercado, los analistas recomiendan unánimemente la compra de sus acciones, con un precio objetivo promedio de aproximadamente 20 euros según Bloomberg. Aunque alcanzaron un máximo de 17,2 euros en septiembre, la acción cayó a 12,77 euros en noviembre.
Las dificultades en el mercado están ligadas a la naturaleza del sector, ya que muchos fondos de inversión tienen restricciones en invertir en juegos de azar. Sin embargo, Cirsa se enorgullece de su sólida actuación en criterios medioambientales, sociales y de gobernanza (ESG). De hecho, ha sido reconocida como líder en su sector en ESG por Sustainalytics y ocupando un alto puesto según Standard & Poor’s.
Un día crucial en el horizonte
El 5 de enero se marca en rojo en el calendario de los inversores, ya que se levanta el periodo de «lock-up» que limita a Blackstone en la venta de acciones. Esta cláusula, acordada durante la OPI, impide que Blackstone deshaga su participación en la compañía en los primeros 180 días de cotización.
A pesar de que Blackstone tenía la opción de vender otros 4,5 millones de acciones, esta no fue utilizada; Morgan Stanley adquirió acciones en el mercado para estabilizar los precios inicialmente. Fuentes financieras sugieren que es probable que Blackstone comience a reducir gradualmente su participación tras siete años involucrado con Cirsa.
El folleto de la OPI advierte que cualquier venta significativa podría impactar negativamente el precio de las acciones, generando preocupaciones entre los inversores. Por su parte, el «lock-up» para directivos finalizará en julio, y estos controlan un total del 1,6% de la compañía.
En resumen, Blackstone ha recaudado aproximadamente 260 millones en dividendos desde 2023, y se espera que la empresa pague un 35% de su beneficio neto ajustado como retribución, fortaleciendo su posición tras la adquisición de Cirsa en 2018 por alrededor de 2.200 millones, incluyendo una deuda de 1.000 millones.
